domingo, 4 de noviembre de 2012

Un día en la vida

Hace tiempo que tenía infinitas ganas de hablarlo con él. Yo sabía que lo podríamos hablar perfectamente y sacar una conclusión más o menos convincente, así que decidí irme a su camarote y debatirlo.
El capitán Smith era una persona muy sabia, con profundos conocimientos sobre la vida. Un hombre que llevaba toda su vida al servicio de la mar, de barco en barco, de Europa a América y de América a Europa. No sé exactamente por qué, pero hablar con él es como una profunda reflexión en la que puedes sacar unas conclusiones alucinantes, que tú mismo piensas que eres incapaz de plantear. Así que siempre que se me plantea un problema en la vida, una duda, o simplemente quiero debatir algún tema, me paso por su camarote para hablar tranquilamente. Él siempre tomaba té. Té con limón. Yo suelo tomar café cuando hablo con él, pero para el tema que quería hablar prefería tomar lo mismo, un té con limón, algo sumamente british. Conecté con la Sala Marconi para que avisaran al capitán Smith que me pasaría a hablar con él un día de estos. El capitán me citó el miércoles a las 5 de la madrugada, cuando empieza el día aquí, creo.
Estuve un rato esperando por el puente de mando antes de entrar, siempre me gustaba observar y toquetear todos los artilugios de navegación, sobre todo el teletransmisor de órdenes a la sala de máquinas. Me entretuve viendo estas cosas, algo también habitual en mí, y llegué un par de minutos tarde a su camarote. Allí estaba esperándome, sosteniendo un ejemplar del diario The Times mientras estaba fumando con su pipa y le alumbraba su lamparilla. Toda su mesa de trabajo estaba llena de planos de barcos, objetos típicos de navegación y un montón de libros. Adoraba el ambiente que me rodeaba, una esfera impregnada del humo de su pipa y la luz tenue, siempre estaba muy a gusto. Tenía otra pipa, y me ofrecía fumar cada vez que le visitaba, a pesar de que yo no solía fumar mucho, pero esta vez era diferente, me apetecía mucho. Nos pusimos los dos juntos a fumar y comencé a contarle el tema.

Desde que era pequeño, siempre me había dejado encandilar por una banda inglesa procedente de Liverpool. Solían viajar en un submarino amarillo por el mundo, y claro, un día decidieron hacernos una visita por el fondo del océano. Todavía recuerdo sus canciones resonando por las cubiertas, y cómo un chico atrevido bajaba de ese submarino para bailar con algunas de las damas de 1ª Clase. Tenía una voz única. Ellos eran cuatro, bastante graciosos además, tenían una forma muy bonita de acercarse a la gente a través de sus canciones, sus letras, su forma de actuar. Causó mucha impresión entre los pasajeros, pero a algunas personas les produjo cierto rechazo. Jamás olvidaré la cara de espanto del coronel Archiebald Gracie, un famoso escritor e historiador, ya mayor, que consideraba a aquellos jóvenes como una revolución desmesurada y poco apropiada para fomentar los buenos valores. Según tenía entendido, este grupo había pasado una etapa dulce, llena de canciones bonitas, de amor, pero que ahora estaba teniendo un cambio importante, una transición a la hora de hacer música totalmente diferente.
Yo le vi a él, al chico bailongo y extrovertido. Tenía un aura diferente a los otros tres, una mirada y una visión mucho más profunda, o al menos, eso me pareció. Él estaba deambulando por las cubiertas del barco para entrar en algún camarote y componer una nueva canción. Decidí ir a buscarlo.
Encontré el camino de subida por las escaleras y me puse a fumar, y alguien habló y caí en un sueño. Me evadí completamente de la realidad, y por un momento pensé que estaba en un mundo paralelo, ajeno al real. Una intromisión profunda en la que la música había conseguido cautivarme y veía que no existía nada más. 

Bueno, yo me tuve que reír, pero vi la fotografía. De repente, todo se detuvo.

En aquella fotografía me di cuenta de que en un pequeño instante tu vida puede cambiar completamente. Un día en la vida te puede cambiar para siempre.
Pero decides apagar la luz, cerrar los ojos. La vida es más fácil con los ojos cerrados. Bajé las escaleras, no quería estar más tiempo ahí arriba.

Volví. Regresé. El capitán me estaba mirando fijamente, y parecía preocupado. Había estado escuchando atentamente todo lo que conté, y sin dejar de mirarme me dijo: "Tienes que llevar una pequeña luz para alumbrar tu camino. Si durante el camino pierdes esa luz, nunca serás capaz de encauzar las metas que te propones. Vivir sin luz significa vivir en la oscuridad, y ahí no tienes a nadie que te ayude."

Creo que me lo pensaré de otra manera. Ya, un día en la vida...
¿Me puedo tomar otro té con limón?


jueves, 18 de octubre de 2012

¿Hola? ¿Hay alguien ahí?

Tras vagas experiencias con otros blogs en estos dos últimos años, he decidido finalmente establecer de una vez por todas un blog en el que pueda hablar de lo que más me gusta. Me he propuesto seguir unas pautas para no dejar de publicar por lo menos un par de veces a la semana, para que esto no se quede abandonado.

En este segundo año de Periodismo en la Universidad de Navarra he terminado de asimilar lo importante que es para los de nuestra profesión escribir, escribir y escribir. Es nuestra herramienta para sobrevivir en este mundo. La verdad debe ser la bandera que enarbolemos para poder comunicar. Debemos ser nosotros los que debamos de transmitir la información más inmediata y de buena calidad, tener a la gente informada en todo momento. 

Siempre me dicen que hay que especializarse en algo a la hora de escribir en un blog, pero la verdad es que sería incapaz de hablar de una sola cosa, ¿qué aburrido, no? Aun así, no os preocupéis, no abarcaré muchos temas para no agobiar. He decidido hablar sobre actualidad política sobre todo, en España principalmente, así como hablar de mis otras dos grandes pasiones en esta vida, que son la música y el Titanic. Sí, he dicho Titanic. Desde muy pequeño me apasionó su historia y me interesó mucho su tragedia, cuál fue el mensaje que quedó después del hundimiento. La película de James Cameron, al que admiro profundamente, tiene una cosa buena y una cosa mala; la buena es que consiguió acercar la historia del Titanic a todo el mundo, y la mala es que la gente se quedó con lo superficial, que es el gancho de la película, la historia de amor entre Jack y Rose, o el mero hecho de decir que simplemente fue un barco que se chocó contra un iceberg, se hundió y murieron miles de personas. Demostraré que la historia del Titanic es mucho más que eso, hay un trasfondo increíble que me gustaría desvelar a todo el que quiera. Que no os extrañe que compare muchas veces la vida real con el Titanic, o haga continuas alusiones.

También comentaré cosas sobre fútbol. Soy valenciano, y como buen valenciano, ya me perdonarán los aficionados de Levante, soy fiel seguidor del Valencia CF. Aunque también sigo mucho la Premier League y mi equipo favorito es el Chelsea.

Podría acabarse aquí, pero me gustaría poder compartir mis experiencias en este blog, y contar cosas que me hayan llamado la atención.

Dicho esto, bienvenidos al fondo del océano, a 4.000 metros de profundidad. Hace un poco de frío y no hay luz, pero espero que podamos reflexionar y debatir sobre lo que ocurre en este conglomerado llamado mundo. Debemos llevar la luz donde no la hay, es una exploración submarina.

Juan Andrés